Begoña Marcos. Piscóloga - Psicoterapeuta Gestalt. A Coruña.

Terapia Gestalt

   Desde la Terapia Gestalt consideramos el sufrimiento o el síntoma con el que acude una persona a terapia: ANSIEDAD, DEPRESIÓN, FOBIAS, ANGUSTIA, TIMIDEZ,... como la consecuencia de una forma rigidificada y obsoleta de interacción con el entorno, como si éste fuese inmutable a través del tiempo y las diversas circunstancias. Por lo tanto, entendemos la salud como la capacidad de responder y ajustarse de manera flexible y novedosa a dicho entorno, creando formas relacionales ajustadas a la realidad presente. Para facilitar este ajuste adecuado, desde la terapia gestalt hacemos hincapié en una experiencia global, integrando en el trabajo terapéutico las DIMENSIONES COGNITIVAS, AFECTIVAS, EMOCIONALES Y CORPORALES, actualizando así, deseos, valores y necesidades, así como recursos y potencialidades nuevos, capaces de dar respuesta a la situación presente. Por todo ello, el objetivo de la terapia no es eliminar el síntoma per se, sino que éste sea eliminado al perder su razón de ser, como resultado de esa nueva forma de situarse en la propia vida y en las relaciones.

   El terapeuta gestalt acompaña al paciente atendiendo al lenguaje verbal y al no verbal (voz, gesto y postura corporal), propiciando, mediante técnicas que facilitan la experiencia y la toma de conciencia, el descubrimiento de nuevas posibilidades de relación con los demás y consigo mismo. En el proceso terapéutico se atendiende no sólo a lo que la persona dice, los contenidos de su experiencia, sino y sobre todo al aspecto fenomenológico: cómo hace lo que hace, cómo influye en el entorno y cómo es influida por él. También, cómo dificulta o imposibilita una interacción relacional satisfactoria.

Terapia de pareja

   El Modelo Sistémico, parte del principio de que cualquier persona está inserta en un Sistema o conjunto de elementos en interacción dinámica. Así, el comportamiento de cada persona afecta a los que están a su alrededor y, aquel, a su vez, se ve afectado por los que le rodean. Este principio, aplicado a la intervención en los conflictos de pareja, supone que el terapeuta observe e intervenga no sólo en el individuo, sino en el sistema al que pertenece, ya que, lo que hace y cómo lo hace cada miembro de la pareja, influye en el otro. Esto conlleva que, como terapeutas de pareja, no tomemos partido por uno de sus miembros, sino que entendamos la posición de cada uno, integrando la individualidad con la interaccionalidad de la pareja y considerando a cada uno responsable (no culpable) en la co-creación de la relación.

Dibujo artístico de un rostro. Imagen cedida por Mohammed Larbi Errabboun. (C) Todos los derechos reservados

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